CD Projekt Red pasó años construyendo una reputación impecable. Después del éxito de The Witcher 3, el estudio polaco era visto como una de las empresas más confiables del gaming. Pero todo cambió en 2020 con el lanzamiento de Cyberpunk 2077, un proyecto que prometía revolucionar la industria… y terminó exponiendo uno de los peores debuts de la década.
El hype que se salió de control
Desde 2012 el juego generó expectativas enormes. Trailers espectaculares, Keanu Reeves, un mundo futurista lleno de posibilidades. CDPR aseguró que el juego funcionaría bien incluso en consolas antiguas. Esa promesa sería su mayor error.
El día del lanzamiento: el golpe de realidad
En PC la experiencia era “aceptable”, pero en PlayStation 4 y Xbox One fue un desastre: bugs, texturas incompletas, misiones rotas y un rendimiento que hacía el juego casi injugable. La comunidad explotó. Las redes se llenaron de quejas y memes. Las críticas fueron tan fuertes que Sony retiró el juego de su tienda digital, algo nunca antes visto con una producción AAA.
La caída de una reputación
El problema no fue solo técnico. Fue empresarial.
CDPR había prometido algo que no estaba listo. La confianza, que era su mayor capital, se quebró. Las acciones cayeron, llegaron demandas y la empresa pasó de ser “la favorita del público” a un estudio cuestionado por su gestión y transparencia.

Después de la tormenta
Con el tiempo, los parches mejoraron el juego y el DLC Phantom Liberty ayudó a recuperar algo de credibilidad. Pero la lección quedó clara para toda la industria: una empresa puede sobrevivir a los bugs, pero no a una traición a las expectativas del jugador.
CD Projekt Red sigue adelante, pero el lanzamiento fallido de Cyberpunk 2077 será recordado como un ejemplo de cómo la presión, el hype y las malas decisiones pueden poner en riesgo incluso a las empresas más queridas del gaming.