«Mi sueño es hacer mi videojuego pero con mi sueldo de programador no se si lo lograré.»
— Sunwer, creador de contenido
La economía no es un elemento externo a la creación de un videojuego, sino una condición que atraviesa tanto su producción como su narrativa. En el caso de Despelote, el contexto económico del Ecuador cumple un doble rol: define las posibilidades materiales de su desarrollo como proyecto independiente y, al mismo tiempo, se manifiesta de forma silenciosa dentro del juego como parte del entorno social que este retrata.
Muchas veces sin el apoyo de instituciones o organismos privados muchas de los multiples proyectos

El contexto económico en el que se sitúa Despelote es clave para comprender tanto su narrativa como su proceso de creación. El juego se desarrolla en un Ecuador que aún enfrentaba las consecuencias de la crisis financiera de finales de los años noventa, una de las más profundas de su historia. La quiebra bancaria, la pérdida de ahorros, el desempleo y la migración marcaron la vida cotidiana de miles de familias, configurando un escenario social atravesado por la incertidumbre.

En el año 2000, la adopción de la dolarización buscó frenar la inestabilidad económica. Para 2001, si bien algunos indicadores mostraban signos de estabilización, la realidad social seguía siendo frágil: salarios bajos, desigualdad y una población que aprendía a adaptarse a un nuevo sistema monetario. Este contexto económico no aparece de forma explícita en Despelote, pero está presente en su atmósfera: en los barrios que recorre el jugador, en las conversaciones de fondo, en la sencillez de los espacios y en el rol del fútbol como escape y punto de unión.